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¡Como han cambiado los coches!
¡Como han cambiado los coches!

HAGAMOS MEMORIA

¡Como han cambiado los coches!

Normalmente hablamos de todo el equipamiento y prestaciones de los coches, pero pocas veces nos paramos a pensar como han evolucionado a lo largo del tiempo.

¡Como han cambiado los coches!

Volvemos la vista atrás, y viajamos en el tiempo hasta 1957. En aquel entonces nos movíamos de otra forma, y era normal desplazarse caminando, en alguno de los escasos autobuses, e incluso para los más pudientes, el tren era una opción muy acertada. Pero aquel año, todo iba a comenzar a cambiar. Tener un vehículo propio se consideraba todo un lujo, pero entonces iba a aparecer en nuestro país el Seat 600.

Siempre se ha considerado el Seat 600 como un icono del comienzo de la motorización de España, y por eso lo hemos escogido como punto de partida de nuestro viaje. En aquel entonces, el 600 contaba con un motor de 633 centímetros cúbicos, y 20 caballos de potencia en el mejor de los casos. Sus frenos de tambor en las cuatro ruedas, y su suspensión que combinaba las ballestas con los amortiguadores eran todo lo que le podíamos pedir a un coche que en aquel entonces costaba menos de 400 Euros al cambio.

La velocidad máxima que alcanzaba el Seat 600 era de solo 115 kilómetros por hora, perfecta para no rebasar el límite de velocidad en autopistas, y con su dura caja de cambios de cuatro velocidades necesitaba 6,5 litros de combustible por cada 100 kilómetros en carretera, que se disparaban hasta 10 litros si nos movíamos por ciudad. Poco más podíamos pedirle a aquel vehículo, que carecía de cualquier comodidad que hoy damos casi por sentada.

Arriba las prestaciones

¡Como han cambiado los coches!

Avanzamos hasta 1974, y era entonces cuando en el Salón de París cuando Citroën daba a conocer un modelo revolucionario, el Citroën CX. Se trataba de una berlina con un peculiar diseño, que era amado y odiado a partes iguales. Sus motores de 2.000 y 2.200 centímetros cúbicos ofrecían un gran rendimiento, con 102 caballos de potencia, y una velocidad máxima que alcanzaba los 174 kilómetros por hora.

Nos acercábamos a una época en la que las prestaciones comenzaban a cobrar importancia, y a principios de los años ochenta el CX iba a unirse a la moda de los GTI, inaugurada por el Volkswagen Golf GTI en 1976. El primer Citroën CX GTI alcanzaba ya los 128 caballos, y 192 kilómetros por hora. Los cambios de 5 marchas ya eran una norma, e incluso comenzaban a aparecer en vehículos "accesibles" para el público general versiones con cajas de cambios automáticas.

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También comenzaban a aparecer los primeros motores turboalimentados destinados al público en general, como el Renault Supercinco GT Turbo, cuyas bruscas reacciones en las reducciones provocaron más de un accidente. Se trataba generalmente de deportivos, o vehículos diesel que buscaban mejorar la respuesta de unos motores excesivamente perezosos.

La revolución del confort

Pero si algo tenían en común los coches hasta ese momento era la ausencia casi total de elementos de confort. Algunas versiones incorporaban aire acondicionado, pero a un precio más que considerable, y con algunos problemas, como una tremenda bajada de rendimiento del motor, que tenía que mover el compresor del aire, perdiendo mucha potencia.

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A principios de los años noventa, ya con unos vehículos con unas prestaciones muy aceptables, como por ejemplo los Ford Escort de cuarta y quinta generación, o coches más lujosos como el Audi 100, los clientes comenzaban a exigir una serie de comodidades en sus vehículos. Los equipos de aire acondicionado ya se podían montar en prácticamente cualquier modelo, aunque continuaban siendo opcionales.

La ergonomía del interior de los vehículos tomaba mayor importancia, y algo que hasta entonces había sido una opción, o incluso no estaba disponible, comenzaba a montarse de serie en muchos vehículos. Hablamos del Radiocasette.

También se popularizaba la regulación de la posición del volante, algo que hasta entonces, y aunque nos parezca mentira, no había estado disponible en muchos modelos.

La llegada de la tecnología y la seguridad

Poco a poco, los vehículos iban viéndose invadidos por los cables, e iban creciendo rápidamente el número de chips que albergaban en su interior. Si en el Seat 600 en el que comenzábamos nuestro paseo, era común abrir el capó trasero para solucionar cualquier tipo de problema con nuestras propias manos, a finales de los años 90 ya era muy normal encontrar el motor del vehículo tapado por una carcasa que tan solo nos permite el acceso a la comprobación de niveles básicos. Las luces de Xenón ya estaban disponibles en prácticamente todas las marcas, e incluso se ofrecen de serie en modelos Premium.

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A partir del año 2000, los Radiocasettes se van convirtiendo rápidamente en Radio-CD, y pronto comienzan a reproducir el formato MP3, con lo que podemos llevar una amplia biblioteca musical en nuestro vehículo. Los aires acondicionados ya están generalizados, y han mejorado notablemente su rendimiento, y comienzan a proliferar los climatizadores, que ofrecen un control más preciso de la temperatura, y además mucho más automatizado.

Ya es normal encontrar relojes digitales, que indican la temperatura exterior del vehículo, y se van extendiendo los ordenadores de a bordo, que facilitan al conductor una información más curiosa que útil, como la velocidad media, consumos, tiempo de viaje, etcétera.

En el apartado de seguridad, prácticamente todos los vehículos ya equipan ABS, un equipamiento que terminó siendo obligatorio en la Unión Europea en 2004, y se van extendiendo los controles de tracción y de estabilidad, que posteriormente, en 2011, pasarían a ser obligatorios. Se unen así a los airbags, que desde su aparición en 1981 se han ido extendiendo gracias a su demostrada efectividad.

Reducción del consumo

Si algo trajo la llegada de la tecnología a los vehículos fue una impresionante reducción del consumo. Si hasta mediados de los 90 la elección de un vehículo diesel se limitaba a los conductores más viajeros, la aparición de los primeros motores de inyección directa de gasoil, y turboalimentados significaban el punto de partida de una caída en picado de los consumos.

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Si antes un motor como el 1.9 diesel que montaban los coches del grupo PSA, como el Citroën ZX, o el Peugeot 306 homologaba un consumo de 6,5 litros cada 100 kilómetros, ahora veíamos como el Skoda Octavia con el amado motor 1.9 TDI de 110 caballos del grupo VAG se conformaba con tan solo 4,1 litros.

Poco después comenzarían a aparecer los sistemas Start&Stop, que detienen el motor durante las paradas, y van proliferando las variantes hibridas de los vehículos, que consiguen cifras de consumo impresionantes, e incluso permiten circular durante algunos kilómetros sin consumir combustible, circulando en modo eléctrico.

La época de las ayudas a la conducción

Poco a poco y sin darnos cuenta hemos llegado a la época actual, en la que el nivel de confort de prácticamente cualquier vehículo es más que aceptable. Hoy en día podemos viajar más cómodos en cualquier utilitario que en el Citroën CX que comentábamos al principio. Los sistemas de aire acondicionado están presentes en casi cualquier vehículo, y se han popularizado los climatizadores. Ahora tenemos que diferenciar entre climatizadores normales, los bizona, y algunos monovolúmenes incluso cuentan con tres zonas, definiendo una temperatura especifica para la parte de atrás del vehículo.

Pero si podemos hablar de una revolución desde el 2005 hasta nuestros días es de la revolución de las ayudas a la conducción. Primero fueron los controles de velocidad, que hoy en día permiten incluso mantener una distancia prefijada con otro vehículo, luego los asistentes de aparcamiento, que comenzaron tímidamente con un simple aviso hasta las versiones más modernas que aparcan el coche por nosotros.

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Tampoco podemos olvidar los asistentes de frenada, que podemos encontrar de muchos tipos. Desde los más básicos, que solo funcionan a velocidad reducida para detener el vehículo ante un choque inminente, hasta otros más avanzados como los del Mercedes Clase S, que incluso detecta colisiones traseras, avisando al conductor que va a impactar contra el vehículo encendiendo los intermitentes, y en caso de colisión actúa sobre los frenos para evitar que se desplace el vehículo.

Un gran cambio

Como vemos, en los últimos 55 años hemos vivido una autentica revolución en el mundo del automovilismo. Hemos pasado de viajar en vehículos sin dirección asistida, frenos de tambor poco eficientes, a vehículos cuya dirección varía en función de la velocidad, y que nos ayudan ante cualquier imprevisto que pueda surgir en la carretera.

No es difícil encontrar coches que incluyen entre su equipamiento un sistema de manos libres para nuestro móvil, y los últimos vehículos comienzan a integrar conexiones a Internet, en lo que podríamos considerar la próxima revolución que está por llegar. Por eso mismo, terminamos con una pregunta ¿Qué cambios esperáis vosotros que aparezcan en los automóviles durante los próximos años?

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