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POLÍTICA CORPORATIVA

General Motors: El coste de los defectos de fabricación

La última llamada a revisión de GM solo es el último y triste episodio de la política corporativa.

General Motors: El coste de los defectos de fabricación

General Motors: El coste de los defectos de fabricación

Las últimas semanas han estado plagadas de noticias acerca de la multitudinaria llamada a revisión de distintos vehículos de General Motors en los Estados Unidos, debido a un problema en el sistema de encendido, que podía provocar que el coche se desactivara en marcha si era rozada la llave del contacto, dejando el vehículo sin frenos, dirección asistida o airbags, convirtiéndolo en una auténtica bomba rodante.

A este problema ya se le asume un total de 13 víctimas mortales. Tristemente, el caso Pedalgate de Toyota y la aceleración involuntaria se nos antoja corto en comparación.

El problema actual de GM no es hacer frente a las millonaria llamada a revisión o las posibles demandas de las familias de los fallecidos, sino la investigación que están realizando las autoridades norteamericana acerca de la actitud de GM respecto al problema, ya que es sabido que tenían conocimiento del mismo desde hace al menos una década.

Esta semana la cabeza visible de GM, Mary Barra, acudió a responder a una comisión de investigación del Congreso acerca del tema, para tratar de esclarecer la gestión de la compañía frente al problema, que como ya es sabido, no hizo absolutamente nada, y lo que es peor, la NHTSA tampoco.

Las respuestas de Barra son tan contundentes como de manual de ejecutivo de una gran corporación millonaria, simplemente, no sabe como ocurrió y está trabajando para esclarecerlo lo antes posible sin más perdidas de vidas humanas, ya que es un problema que no se produjo en su mandato, estrenado este 15 de enero, sino una herencia de los mandatos anteriores.

Las previsibles respuestas y actitud de General Motors actuales difieren bastante de las acciones llevadas a cabo desde entonces, que recordemos, sucedió antes de que los bolsillos de todos los ciudadanos norteamericanos rescataran a la empresa tras su quiebra controlada de 2008.

La historia nos cuenta, que en estos casos, el final previsible es una factura millonaria para la compañía, sin más consecuencias. Por mucho que la cantidad final, entre demandas, multas y reparaciones sea astronómica, esto no será más que un pequeño castigo, del que probablemente no aprendan.

Porque revolviendo un poco que más nos cuenta la historia, encontramos episodios similares aun más vergonzosos.

General Motors: El coste de los defectos de fabricación

Memorándum Ivey

Hemos encontrado en Jalopnik una referencia a uno de los episodios más bochornosos de la propia General Motors, el memorándum Ivey.

Edward Ivey era ingeniero novato en Oldsmobile en la década de los setenta, cuyas tareas estaban relacionadas con los sistemas de combustible. Y al parecer, en un determinado momento, recibió el encargo de estudiar cuanto le podía costar a la compañía los defectos de sus sistemas de combustible.

Dichos sistemas, debido a su diseño y barata construcción eran altamente inseguros y podían esparcir combustible en el caso de golpe, lo cual es un más que evidente e innecesario riesgo de incendio, y por tanto la compañía se prestó a estudiar las posibles soluciones.

El estudio se resumió en un escueto informe en el que el ingeniero, tomando de los estudios del gobierno el coste de un fallecimiento por accidente, 200.000 dólares de la época, el número de automóviles totales en carretera de GM en ese momento, 41 millones de unidades, y el número mínimo de víctimas mortales por incendio con un modelo de GM al año, 500 víctimas, realizó un cálculo matemático en el que sacó el coste de las indemnizaciones por cada uno de los vehículos vendidos, que recordemos eran 41 millones de unidades.

El resultado de dicho cálculo fue de 2,40 dólares por cada uno de los vehículos vendidos de GM hasta la fecha.

Resumiendo, de cada uno de todos los vehículos que General Motors había vendido, 2,40 dólares irían a pagar indemnizaciones por los fallecimientos causados por fuego. Como reza el autor en el informe "Este coste estará con nosotros hasta que haya una manera de prevenir todos los accidentes relacionados con los incendios de combustible".

Tras ese cálculo, el ingeniero procede a tasar el coste de las indemnizaciones por cada uno de los vehículos de un modelo nuevo que se pudieran vender al año, teniendo en cuenta que GM vendía al año aproximadamente 5 millones de unidades, y que al final del ciclo de vida de un modelo el número de unidades sumaba el 11 por ciento de todos los vehículos que estaban en la calle, el ingeniero tomó el 11 por ciento del número mínimo de víctimas mortales por incendio en un modelo de GM, cifrada en 500 según el cálculo anterior por lo que para esta ecuación toma el valor de 55 víctimas mortales.

Este cálculo terminó arrojando una cifra de 2,20 dólares por cada uno de los vehículos vendidos de un modelo concreto.

Aparte de los valores matemáticos, el informe señalaba dos conclusiones fundamentales. La primera es que no era posible dar un valor pecuniario a la vida humana y la segunda, que era imposible eliminar totalmente el riesgo de incendio debido al derrame de combustible en un accidente, mientras los vehículos continuaran empleando combustibles inflamables.

Lo que podemos sintetizar de la siguiente manera, en caso de accidente, si el combustible derramado provocaba un incendio con consecuencia de muerte, a General Motors le costaría 2 dólares con cuarenta centavos por cada vehículo de su marca que estaba en ese momento en las calles, o bien, 2 dólares con veinte centavos por cada unidad nueva que vendían de un modelo concreto.

Con respecto al informe, lo pueden consultar más detenidamente en el propio artículo de Jalopnik, mientras que la valoración ética y moral de lo descrito en el mismo lo dejo en manos de los lectores.

Ante esas cifras la reacción de GM fue, simple y llanamente, enterrar el informe.

No se conoce que hicieran nada al respecto, salvo negar la existencia de dicho informe hasta finales de la década de los noventa, cuando tras numerosas demandas por muertes provocadas por derrame de combustible un juez logró obligarles a que revelaran dicho memorándum.

Es bastante complejo resumir todas las demandas de ese tipo recibidas por GM en un solo artículo, ya que han sido varias a lo largo de los años. Más información acerca del informe y las consecuencias judiciales debidas al mismo se pueden encontrar en este artículo del Los Angeles Times del año 2001.

Sería lógico pensar en el calvario y el evidente bochorno que tuvo que atravesar la directiva de GM al darse a conocer el informe, sin contar el provocado por las propias demandas en si. Por lo que también sería lógico pensar que una vez vivida la experiencia, ante una situación similar tratarían de poner todos sus medios a su disposición, que no son pocos, para ahorrarse no solo la vergüenza y el escarnio público, sino para evitar la pérdida de vidas humanas en lugar de recortar costes en la sustitución de un simple conector de arranque, como el que ahora están reemplazando a toda prisa, que además, solo cuesta 57 centavos de dólar.

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