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El Limpiaparabrisas, el invento que no quisieron reconocer
El Limpiaparabrisas, el invento que no quisieron reconocer

INGENIOSO INVENTO

El Limpiaparabrisas, el invento que no quisieron reconocer

El histórico invento y sus creadores que no quisieron ser reconocidos por los grandes de la industria automotriz.

MARIO TIXCE - 08 FEBRERO 2017 05:42

Los adelantos tecnológicos hacen la vida cotidiana más placentera. Nos es difícil imaginar aquellos tiempos de antaño, cuando nuestros abuelos y bisabuelos vivieron; conseguir cada cosa, alcanzar cada lugar, trasladarse a cualquier sitio, todo nos parece tan complicado, pero ojo, todavía existen muchos que anhelarían volver al pasado. Tal vez por su sencillez, por lo simple, por las cero complicaciones que en nuestros días generan tanto estrés. Con todo, debemos mencionar que la madre tecnología ha simplificado nuestras vidas, a tal punto que, hasta preparar un café es cosa de niños.

El mundo automotriz ha logrado grandes avances. Pasar del caballo a la carreta, y de la carreta al automóvil fue en definitiva un gran paso para el hombre. Las distancias se redujeron, conocimos lo placentero de trasladarnos y viajar de algún lugar a otro. El confort, las ventajas que se ganaron con la comodidad fueron indescriptibles, por fin se podía pensar en viajar sin que esto produjera estrés. Sin embargo, no todo fue tan perfecto como se pensó; con todos los expertos en ingeniería, matemáticos, físicos, químicos, siempre se escapaba alguno que otro detalle que, a simple vista, parecía tan insignificante. Pero no lo era.

Los primeros automóviles o coches de la historia presentaron desafíos interesantes. En primer lugar podemos mencionar que, para ser confortables, no siempre era grato viajar al aire libre, es decir, en carros descapotados. El sentir el ambiente en algunos casos resultó muy agradable; disfrutar del sol, del paisaje, del buen clima era y sigue siendo una experiencia única. Pero también tiene sus contras. El mal tiempo, las zonas frías y la misma lluvia obligaban a buscar alternativas más allá de una simple sombrilla. Los pensadores de la poca actuaron, se inventó la cabina cerrada.

El Limpiaparabrisas, el invento que no quisieron reconocer

Santo remedio para muchos. Ahora era posible trasladarse en coche o automóvil con la certeza de que, si hacia frio o llovía, no habría necesidad de mojarse o de pausar el viaje. Pero faltaba algo. Mary Anderson fue una mujer brillante, inteligente, astuta, fue una promotora inmobiliaria, ranchera y viticultora. En muchos de sus tantos viajes, Mary se trasladó de Alabama a Nueva York, era invierno y se encontró con una nevada por casi todo el camino. Aunque se sentía cómoda por no sufrir por los efectos directos del frio, se dio cuenta de que su conductor y el resto de los conductores que se encontraban en el camino no lo estaban; la razón era muy sencilla, todos debían detenerse cada cierto tiempo, bajarse del vehículo y limpiar el parabrisas de los efectos de la nieve y la suciedad del camino.

Nace la idea

A Mary le pareció ridículo lo que sucedió, entendiendo que precisamente el automóvil era un invento para brindar comodidad a quien pudiera adquirirlo. Por ello, y en respuesta a lo que consideró una problemática sencilla de solucionar, comenzó a elaborar diseños caseros en papel de un dispositivo que se activara desde el interior del vehículo para despejar o limpiar el parabrisas. Increíble, sencillo y práctico, pero a nadie se le ocurrió idea similar.

Como toda una mujer de negocios, una vez que creó el invento, Mary patentó su invención en la oficina de patentes de Nueva York, en 1904. El sistema ideado por Anderson se trataba de un brazo giratorio con una lámina de goma en su cuchilla, la cual se apoyaba sobre el parabrisas y era manejada desde el interior del vehículo con una palanca manual. Este invento fue patentado como "Brazo giratorio para despejar el parabrisas". La patente se publicó en 1905. Hubo otros inventos similares, pero ninguno funcionaba tan efectivamente como el de Mary y además podía ser replicado a bajo costo para la producción masiva.

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Lamentablemente el tiempo y la época le jugo en contra a Mary Anderson. El machismo y la degradación de la mujer en aquel entonces hicieron que su invento, pese a ser el mejor del mercado, fuese objeto de burlas y críticas destructivas, alegando que este sistema era fatal ya que distraía a los conductores. En fin, las mujeres de aquellos años no tenían derecho de participar en las empresas ni en las decisiones comerciales. Pese a todo, en 1913 todos los coches o vehículos de uso particular traían instalado el sistema de limpiaparabrisas mecánico casi que de manera obligatoria, claro está, rediseñados a su antojo pero tiendo como base el patentado por Mary. A cabo de cierto tiempo, la patente de Mary Anderson caducó y se quedó dentro de un cajón sin ser utilizada o reconocida en la historia por ningún fabricante. Otra gran injusticia que de seguro, quienes la cometieron, tuvieron que pagarla al doble.

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Mejoras en el sistema

Luego de transcurrir algunos años, el brazo mecánico de Anderson volvió a ser noticia. En 1964 el ingeniero estadounidense Robert Kearns inventó y patentó una mejora significativa, el limpiaparabrisas intermitente. Según algunos de sus análisis, la necesidad de pausar la frecuencia de barrido del limpiaparabrisas se debía a que el movimiento continuo dificultaba y distraía al conductor en su visibilidad. Por ello, el inventor americano diseñó una pausa de 4 segundos que simulaba el parpadeo de un ojo y relajaba al conductor.

Para Robert el desarrollo era muy sencillo. El ritmo de los limpiaparabrisas era regulado mediante la carga de un condensador que retenía el movimiento. Cuando la carga alcanzaba cierto voltaje, el condensador se vaciaba y esto producía que el motor se activase por un ciclo. Cuando Kearns consideró que su sistema estaba listo talvez cometió lo que sería el gran error de su vida, presentárselo a la empresa Ford.

La razón principal por la que Robert se dirigió a Ford era muy sencilla, admiraba profundamente a la empresa ya que consideraba que los americanos eran un ejemplo en la industria automotriz mundial. Se equivocó. Desde Ford desestimaron la mejora de Robert por considerarlo poco práctico y lo peor de todo es que argumentaron que era una patente que no se diferencia del invento original, por lo que era poco práctica. Sin embargo, Ford robó la idea de Kearns y en 1969 lanzaron al mercado su primer coche con limpiaparabrisas intermitente.

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Batalla legal

Traicionado, abrumado y con gran indignación Robert juró desde aquel momento que haría pagar a los culpables y que su invención sería reconocida mundialmente como suya. Lejos de lo que muchos hubieran pensado, Robert Kearns era un talentoso violinista, además trabajó en inteligencia para la CIA durante la Segunda Guerra Mundial, tenía dos títulos de ingeniería eléctrica y un doctorado en el Case Institute of Technology. Ford y las otras empresas que se robaron, por así decirlo, su idea se enfrentaban a un hombre con mucha preparación y que haría hasta lo imposible por recuperar todas las ganancias perdidas producto de este plagio.

El Limpiaparabrisas, el invento que no quisieron reconocer

Ford y también Chrysler, General Motors y Mercedes se dedicaron a copiar el sistema de Robert. Durante 20 años Kearns dedicó una lucha contra estas empresas para lograr que reconocieran su invento, logrando que Ford le pagara 10 millones de dólares por el plagio y Chrysler otros 15 millones. En el año 2005 Robert Kearns murió producto de un cancer. Lamentablemente, pese a recibir ciertas indemnizaciones por el plagio de su invento, Robert no consiguió que alguna de estas empresas reconocieran públicamente que él era el responsable del novedoso método que mejoró la vida del limpiaparabrisas. Sin embargo, algunos años después, Ford reconoció mediante una imagen que tanto Mary Anderson como Robert Kearns eran los responsables del novedoso invento que hoy es vital en todos los vehículos.

El Limpiaparabrisas, el invento que no quisieron reconocer

Como vimos, la historia del limpiaparabrisas lejos de ser brillante fue una de muchos conflictos. Quien iba a pensar que algo que en muchos casos pasa desapercibido tuviera una historia tan interesante pero a la vez llena de frustraciones para sus creadores. Ellos debieron ser millonarios en sus respectivas épocas ¡ese era su derecho! Pero como en la mayoría de los casos, la envidia, la mala intensión y el amor al dinero más allá del reconocimiento por el trabajo mermaron lo que pudo haber sido una vida llena de comodidades para ambos. Gracias a Mary Anderson y a Robert Kearns por regalarnos este maravilloso invento que contribuyó y seguirá contribuyendo a la seguridad de millones de conductores alrededor del planeta.

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