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La calamidad se ceba con Carlos Sainz
La calamidad se ceba con Carlos Sainz

DAKAR 2016 | COCHES

La calamidad se ceba con Carlos Sainz

Repasamos las desgracias o episodios de mala suerte que han provocado que Carlos Sainz no tenga más títulos, tanto en el Dakar como en el WRC

ADRIáN GONZáLEZ - 14 ENERO 2016 16:33

Carlos Sainz es uno de esos pilotos finos, rápidos pero precisos, fiables, capaces de sacar el 120% de sus monturas. Es uno de los mejores de la historia pero su palmarés podría haber sido mucho más amplio de no ser por sus desgracias. La mala suerte ha acompañado al madrileño durante toda su carrera, no solo en el Dakar, sino que la constante de abandonos de Sainz en el peor momento viene de atrás, de su época en el WRC.

Mecánica y troncos...

En la temporada de su debut como piloto oficial Toyota, 1989, a punto estuvo de conseguir su primera victoria en un rally del WRC. Fue en Gran Bretaña pero, a falta de dos tramos para el final de la prueba, la trasmisión del Celica dijo basta. Abandono y adiós a su primer gran triunfo.

Dos años después, ya habiendo conseguido un título mundialista, la mala fortuna siguió acompañándole. Primero, el Celica se negó a arrancar en el parque cerrado del Rally Costa Brava. En casa, Sainz perdía una oportunidad de oro de acercarse al bicampeonato. Un bicampeonato que iba a perder en el siguiente rally, de nuevo en el RACC, cuando la junta de culata de su Toyota se rompía. Adiós al segundo mundial.

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De nuevo en Gran Bretaña, en 1994, una triquiñuela de alguna persona le dejó sin título. Se estaba jugando el campeonato con Didier Auriol y, en la última prueba, unos troncos, colocados a propósito, en la entrada y salida de un curva, hicieron salirse del trazado al Subaru de Sainz y Moya, perdiendo de nuevo toda opción a conseguir, esta vez, su tercer título del WRC.

Frases míticas pero 'fatídicas'

Tercero quedó en la famosa temporada recordada por la frase "ostias, la oveja", dicha por el propio Sainz al no poder esquivar a una res que corría por medio de la carretera. Fue en Nueva Zelanda y el accidente les dejó sin frenos en la parte delantera. Solo con el freno de mano, no pudieron ganar la prueba, en la que se encontraban con optimistas de cara a lograr el triunfo.

El último de sus grandes episodios de mala suerte en el Mundial de Rallys será, sin duda, el más recordado. Directo hacia su tercer título, solo un tramo separaba a Sainz y Moya de ser tricampeones.. Pero, a 700 metros de la meta, una biela de su Corolla se rompía. El coche se paraba, no podía arrancarlo. "Carlos, trata de arrancarlo", sonaba en voz de Luis Moya. Desesperación. El tercero mundial se esfumaba cuando ya lo tocaban con la punta de los dedos.

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2009, un peligro no señalizado

Pero en el Dakar tampoco se ha olvidado de la mala suerte, de las desgracias, de los fallos mecánicos en momentos inoportunos... Ya en su tercera participación, en el primer Dakar sudamericano, en 2009, cuando el piloto español tenía su primer título dakariano al alcance de su mano. Casi media hora le sacaba a su compañero de equipo Mark Miller, cuando las peores etapas habían pasado.

Corría la duodécima etapa cuando, debido a un error en el road-book, el Volkswagen Tuareg de Sainz se precipitaba por una caída no anunciada de cinco metros. Accidente tremendo y adiós a su primer Dakar luego de ser el más fuerte a lo largo del grueso de la carrera. Menos mal que se redimiría al año siguiente y lograría su primer triunfo.

2011, un socavón en plena persecución

En 2011, estábamos viviendo una preciosa lucha entre compañeros de equipo en Volkswagen. Al-Attiyah y Sainz nos habían dejado espectaculares imágenes y, después de once etapas, solo doce minutos les separaban. Una diferencia exigua después de tantos kilómetros de competición.

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Pero fue en esa undécima etapa, a dos del final, cuando un socavón se interpuso entre Sainz y el Dakar. El piloto español iba detrás de Nasser, en su polvo, y no vio el mencionado peligro. Se topó con él y la suspensión del Tuareg se rompió. Al final, Sainz perdió en torno a una hora para acabar tercero en la general.

2013-2014, el mal fario de los buggys

Tras no participar en 2012 al no encontrar un equipo que le garantizase estar delante, volvió a la carga en 2013, con un buggy SMG del equipo de Nasser Al-Attiyah. El buggy no era del todo fiable y eso se demostró en carrera. Muchos problemas que desembocaron con el abandono de Sainz. Ganó la primera etapa pero cayó en la cuarta. La bomba de gasolina de su buggy se rompió y se quedó sin combustible. Fue repescado, sin opciones, pero abandonaría dos días después.

Al año siguiente, de nuevo con un buggy, mejorado eso sí, sufría un duro accidente que le dejaba fuera de carrera cuando marchaba sexto, en la décima etapa. Tras ganar dos etapas y ser líder en una etapa, Sainz se volvía a ir a casa antes de tiempo. Un error, mala suerte... un cúmulo de desgracias. Su SMG iba justo de gasolina y se desvió de la ruta en el enlace para repostar. Fue ahí cuando sufrió varias vueltas de campana que dejaron tocado tanto al prototipo como a la pareja dentro de la cabina.

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2015, un abandono que no dolió tanto

La penúltima llegó en 2015. Peugeot debutaba con dudas: un coche falto de kilómetros, totalmente nuevo, sin fiabilidad mecánica... y se notó. Ni Sainz, ni Peterhansel, ni Despres... los Mini eran tremendamente superiores desde el principio así que el abandono no dolió tanto.

La cuarta etapa dejó sin opciones a Sainz, rompiendo el turbo del DKR15, al día siguiente, conduciendo en el polvo de muchos pilotos, chocaba contra una roca y destrozaba el Peugeot. Un golpe fuerte, con varias vueltas de campana. Otro episodio más.

2016, en plena lucha por el título

Y el último, en esta edición 2016. Sainz iba líder, estaba siendo el mejor pero la décima etapa fue fatídica. Arrancó mal, con errores de navegación y pinchazos pero, aun así, estaba en carrera. Es cierto que el ritmo de Peterhansel fue espectacular y que probablemente le habría arrebatado el liderato al final de la etapa. Pero el abandono del madrileño nos deja con la duda y con la tristeza de no ver pelear de tú a tú a los dos Peugeot.

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Una jornada con muchos saltos, cambios de rasante, con mucha vegetación, con mucho río seco... las suspensiones lo notan y también el resto de componentes del coche. Fruto de ese desgaste parece que la carcasa del cambio dijo basta. Una pieza que enlaza la caja de cambios con el motor se rompió y nada se podía hacer. Esperar al camión, llegar remolcados a más de seis horas para abandonar al día siguiente. Volvió el gafe, volvieron las desgracias.

Fotos: Dakar, Antena 3, EFE, WRC.

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