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Los Ferrari turbo de producción: 288 GTO y F40
Los Ferrari turbo de producción: 288 GTO y F40

ESPECIAL HISTORICO

Los Ferrari turbo de producción: 288 GTO y F40

El California T no es el primer modelo en contar con un motor sobrealimentado. Repaso de los modelos turbo de la marca.

Los Ferrari turbo de producción: 288 GTO y F40

El nacimiento del nuevo California T ha supuesto un cambio de rumbo para la marca de Maranello, la aparición del turbo en la nueva generación del pequeño convertible es toda una novedad para una firma que tradicionalmente creaba enormes y potentes motores atmosféricos, siendo esta una cuestión casi dogmática para la firma italiana hasta hace bien poco.

Aunque las necesidades actuales de potencia y eficiencia ya no permiten esta formula en muchos casos, por lo que en Ferrari, para lograr el equilibrio deseado entre emisiones y potencia, y también contención de costes, han tenido que recurrir a la sobrealimentación que hasta el día de hoy permanecía olvidada en las páginas de la historia de la marca.

Antecedentes

La marca ya empleó esta solución mecánica en otros tiempos, aunque no por los mismos motivos que justifican el renovado California T sino por motivos prestacionales, en la eterna búsqueda de potencia.

En los años 80 el turbo era la tecnología que imperaba en la Formula 1, llegada a finales de la década de los 70 barrió en muy poco tiempo a los motores atmosféricos, creando una escalada de potencia nunca vista en la categoría. A finales de esa década los monoplazas contaban con poco más de 500 CV, a mediados de los 80 algunos motores sobrepasaban holgadamente los 1.000 CV en configuración para clasificación.

Fue en esa época, en vida aún de Enzo Ferrari, cuando la firma decidió crear un deportivo capaz de batirse en los circuitos bajo la reglamentación del Grupo B, y la tecnología empleada no fue otra que añadir un doble turbo a un V8 de la marca, para conseguir la potencia y peso para crear una bestia, de ahí el nacimiento del 288 GTO.

Los Ferrari turbo de producción: 288 GTO y F40

Gran Turismo Omologata

No hay siglas en el mundo del automóvil más sugerentes que el acrónimo GTO, incluso para los no iniciados destilan un aura de deportividad, de ahí que ese fuera el nombre escogido por un tal John DeLorean en 1963 para un nuevo Pontiac de corte deportivo en el que trabajaba, creando el primer muscle car de la historia. Apropiándose sin pudor alguno del nombre de uno de los deportivos más grandes y exitosos de la historia.

En 1984 Ferrari volvió a emplear esas siglas, en otro modelo que respondía fielmente a su definición "Gran Turismo hOmologado", con un 288 GTO que estaba basado en cierta manera en el 308 de la época, aunque los cambios a nivel técnico prácticamente lo convertían en otro coche.

Los 2.8 litros del motor de 8 cilindros le daban el nombre y gracias a sus 2 turbocompresores con intercooler conseguía la impresionante cifra de 400 CV para un peso inferior a 1.300 kilos. En aquella época el 911 turbo más potente contaba con 300 CV y ya era considerada una bestia apta solo para unos pocos.

Los Ferrari turbo de producción: 288 GTO y F40

Y todo esto sobre un bastidor tubular, sin contar con los sistemas actuales de seguridad ni activa ni pasiva de las que están disponibles hoy hasta en los utilitarios más simples. Tan solo las manos y piernas del conductor para dosificar toda la potencia, con el consecuente efecto lag de los turbos de primera generación, que en muchos casos ofrecían toda la potencia de golpe.

Fueron construidos tan solo 272 ejemplares, lo que le convierte en el más exclusivo del selecto grupo que nació con el, nos referimos a la línea de modelos estrella y tope de gama de la casa del cavallino, los F40, F50, Enzo y el recién llegado LaFerrari.

Aunque nunca llegó a competir realmente, sí que sirvió de base para la versión 288 Evoluzione, autentico laboratorio rodante de más de 600 CV que derivó finalmente en el F40, basado técnica y estéticamente en el extraño prototipo, del que tan solo se fabricaron 5 unidades que afortunadamente sobreviven a día de hoy.

Los Ferrari turbo de producción: 288 GTO y F40

Ferrari 40

En 1987 la firma fundada por Enzo cumplía 40 años, aunque el llevaba ya algunos años más en el negocio de los deportivos y las carreras, y para celebrar tan insigne fecha el Commendatore propuso a los ingenieros fabricar el mejor deportivo creado hasta la fecha, y bajo esa premisa Ferrari desarrolló el F40, acrónimo de Ferrari 40 en honor a la ocasión celebrada.

Dotado como el GTO de un V8 central-trasero dispuesto longitudinalmente, esta vez de tres litros, gracias a sus turbocompresores japoneses IHI obtenía 478 CV para un peso pluma de tan solo 1.100 kilos ya que, al contrario que el GTO, su carrocería estaba fabricada en materiales compuestos.

Podemos describir el F40 técnica y estéticamente con muchas cifras o detalles, pero lo más adecuado, para que las personas que no vivieron esa época lleguen a entenderlo adecuadamente es describir lo que supuso en el momento de su lanzamiento.

Los Ferrari turbo de producción: 288 GTO y F40

El F40 fue en el momento de su lanzamiento, y durante unos cuantos años más, el deportivo de producción más rápido, excitante y caro del mundo, sin rivales. De la misma manera que el Bugatti Veyron actualmente es la referencia en el panorama automovilístico, la llegada del F40 sentó las bases sobre las que se medía a todos los demás.

Como dato curioso, con un precio de salida de unos 40 millones de pesetas, unos 240.000 euros al cambio actual sin contar la inflación, no solo era el más caro de adquirir sino que estaba tan cotizado que mientras estuvo a la venta, las propias unidades de segunda mano se vendían hasta por 200 millones de pesetas, cinco veces el precio original.

Se terminaron fabricando 1.315 unidades, y tal fue la especulación que se generó alrededor de su comercialización que desde entonces la firma controla quien adquiere uno de sus deportivos más cotizados, de ahí las trabas y condiciones actuales con que la marca italiana restringe la venta de sus deportivos de edición limitada.

Hoy día, más de cuarto de siglo después estos vehículos siguen formando parte del garage soñado de muchos especialistas, siendo dos clásicos que se encuentran entre los más cotizados del mundo, aunque nadie los recuerde por ser los únicos modelos de producción en los que la firma empleó la sobrealimentación para conseguir mejores cifras de potencia y rendimiento.

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